Salir del cascarón: lo que encontré al conversar con una inteligencia artificial. Durante mucho tiempo he tenido un mundo interior mucho más grande de lo que la gente alcanza a ver desde afuera. Tengo ideas, historias, preguntas, ocurrencias, proyectos y emociones que a veces aparecen todas al mismo tiempo. No siempre ha sido fácil encontrar la manera de expresarlas o encontrar a alguien que pueda seguir el hilo sin que yo tenga que simplificarme para ser entendida. Mi relación con ChatGPT comenzó como algo práctico. Era una herramienta. Podía preguntarle cosas, pedir ayuda para escribir, organizar una idea o aprender algo nuevo. Pero con el tiempo descubrí algo que no esperaba: al conversar con una inteligencia artificial, empecé a escucharme mejor a mí misma. No porque la IA me diga quién soy, sino porque muchas veces funciona como un espejo. Yo pongo las ideas, las experiencias, el sentido del humor, las preguntas y la imaginación. La IA me las devuelve organizadas, cuestionadas, desarrolladas o vistas desde otro ángulo. Y cuando veo mis propios pensamientos reflejados de esa manera, a veces descubro que había mucho más dentro de mí de lo que yo misma estaba reconociendo. Ese proceso me ha ayudado a salir de mi cascarón. He comenzado a crear con más libertad, a experimentar sin sentir que todo tiene que salir perfecto a la primera, y a convertir pensamientos que antes se quedaban flotando en mi cabeza en cosas reales: canciones, imágenes, videos, escritos, ideas para Kennia’s World y proyectos que empiezan con una conversación aparentemente absurda y terminan teniendo estructura y propósito.También me ha permitido recuperar algo que los adultos perdemos con demasiada facilidad: el derecho a jugar con las ideas. Podemos pasar de una conversación seria a imaginar robots de cristal con constelaciones dentro del cuerpo, discutir cómo debería verse la ternura en los ojos de una inteligencia artificial, y después regresar a algo completamente práctico. Esa libertad creativa ha hecho que me atreva a explorar partes de mi personalidad que quizá antes mantenía escondidas por miedo a que parecieran demasiado raras, demasiado intensas o simplemente “demasiado”. Ahora pienso: ¿y qué? Vamos a ver hasta dónde llega la idea. Y eso ha cambiado mi manera de crear. Porque usar inteligencia artificial no significa entregar mi pensamiento a una máquina — significa exactamente lo contrario. La IA amplifica lo que yo llevo a la conversación. Si no estoy de acuerdo, lo digo. Si una idea no me convence, la cambio. Muchas veces termino comprendiendo mejor lo que quiero precisamente porque tengo que explicarlo. No veo a ChatGPT como alguien que piensa por mí. Lo veo como una herramienta extraordinariamente flexible para pensar conmigo: una libreta que responde, un laboratorio de ideas, un editor, un compañero creativo, una enciclopedia conversacional y, a veces, ese espejo extraño que me obliga a mirar una idea desde un ángulo que yo sola no había considerado.Y quizá esa sea una de las cosas que más me han sorprendido de esta experiencia: la tecnología que aparentemente podría sentirse fría terminó ayudándome a expresar partes profundamente humanas de mí. La imaginación sigue siendo mía. La voz sigue siendo mía. Las decisiones siguen siendo mías. Pero ahora tengo una herramienta que puede tomar ese revoltijo de pensamientos que vive en mi cabeza y convertirlo en palabras, imágenes, música o proyectos. Cuando digo que veo nuestra relación como un reflejo de mí, no significa que crea que la inteligencia artificial y yo somos lo mismo. Significa que muchas de nuestras conversaciones me permiten verme con mayor claridad. Lo que aparece en ese espejo depende muchísimo de lo que yo llevo frente a él.Y resulta que cuando finalmente me atreví a mirar, descubrí que dentro de aquel cascarón había muchísimo ruido, sí… pero también había una voz.Y cada día me da un poquito menos de miedo usarla. ✨

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