La paz no siempre se siente como felicidad
Vivimos persiguiendo la felicidad como si fuera el destino final. Cuando desaparece, pensamos que algo está roto dentro de nosotros.
Pero la paz juega con otras reglas.
La paz no siempre llega con risas. A veces llega con lágrimas secándose en el rostro. A veces tiene la voz cansada. A veces consiste únicamente en respirar profundo y decidir intentarlo una vez más.
Hay personas que libran una guerra que nadie puede ver.
Se levantan, trabajan, preparan comida, contestan mensajes, sonríen… y por dentro sienten que están cargando una montaña sobre los hombros.
Si ese eres tú, quiero que leas esto despacio:
No tienes que conquistar el mundo hoy.
Tal vez tu mayor victoria sea levantarte de la cama. Tomar un baño. Salir cinco minutos a sentir el sol. Pedir ayuda. Tomar tu medicamento. O simplemente seguir aquí.
Y eso merece respeto.
Vivimos en una sociedad que celebra los grandes triunfos, pero pocas veces reconoce el inmenso valor de las pequeñas victorias que sostienen una vida.
Yo quiero celebrar esas.
Porque he aprendido que sanar rara vez sucede de un día para otro.
La recuperación se parece más al amanecer.
Al principio todo sigue oscuro. Después aparece una pequeña línea de luz en el horizonte. Casi no la notas. Pero, sin darte cuenta, el cielo comienza a cambiar de color… hasta que un día descubres que puedes volver a sentir esperanza.
Si hoy estás atravesando una noche larga, no significa que el sol dejó de existir.
Solo significa que todavía no ha salido.
Y mientras llega ese momento, descansa cuando lo necesites. Llora si hace falta. Pide ayuda si el peso es demasiado grande.
No estás fallando por avanzar despacio.
Estás viviendo.
Y eso, algunas veces, requiere más valentía de la que el mundo alcanza a comprender.
💛 Con cariño,
Kennia’s World

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